lunes, 5 de noviembre de 2007

fedra

Aunque hace más de una semana que ví la obra dirigida por José Carlos Plaza, aún no consigo comprender qué motivos tenía Juan Mayorga para destrozar este gran clásico. Incomprensiblemente Fedra (veáse Ana Belén) parece una loca deseosa de llevarse a Hipólito a la cama, mientras que éste camina curvado durante las dos largas horas (el concepto de tiempo es muy relativo y aquí se hacen interminables) que dura la escenificación. No hay razón aparente, pues, para que Fran Perea se desplace cual luchador de capoira, pero tampoco la hay para que el hijo de la amazona pierda la virtud que le caracteriza para caer rendido al amor de su madrastra. No me sorprendió, claro está, que mucha gente optara por abandonar la sala en un teatro que, por otra parte, tampoco se inmuta ante ello, pues Calixto Bieito ya le acostumbró con su Plataforma. Tampoco que el comentario general de aquellos que lograron resistir pusiera en entredicho las intenciones y la moral de Fedra, culpable antaño únicamente de enamorarse y convertida ahora en, por qué no decirlo, una buscona.

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