miércoles, 21 de noviembre de 2007

Réquiem por Bieito


En una noche fría,con lluvia incesante y machacona, esperaba que Los Persas llenara el teatro, o al menos que me proporcionara un lugar cálido al abrigo de las inclemencias. Pero éstas se colaron en la escena del Bellas Artes, proporcionando una obra con una crítica feroz a la guerra y un patio de butacas vacío. Que Calixto Bieito no gusta en Madrid es un hecho. Su paso por la ópera escandalizó a los intelectuales más puritanos, Plataforma levantó polémica y a muchos espectadores de sus asientos, y Los persas provoca indiferencia en un público acostumbrado a ver y no a pensar, que acude al teatro para evadirse, dejando la reflexión en la parte de entrada sesgada en la puerta.

La Carta Esférica

Si la lectura del libro me hizo abandonar a Pérez Reverte sin derramar una sola lágrima tras tantos años de fidelidad, la película casi acaba con mis visitas a la Filmoteca. Diálogos literarios y absurdos, continuas alusiones a la maldad de la mujer con clichés repetidos una y mil veces, convierten esta adaptación en un fiel reflejo de la novela, de su prosa fácil y simplona. Y yo me pregunto, ¿tan pocos amigos tiene el autor para que le avisen de que ir por los despachos de las productoras no está bien visto y menos aún si sólo ofreces basura repetitiva?
Sin embargo hay que concederle méritos a Uribe: Alatriste fue mucho peor.

"Lo bueno de las putas es que sólo te piden dólares, nunca conversación" (una de las observaciones pretendidas originales del film, veáse novela)

lunes, 12 de noviembre de 2007

La estética intelectual

Hace poco un blogger se preguntaba si existía una estética intelectual. Es obvio que sí. Aspecto despreocupado o más bien desaliñado, procedentes de una familia de clase media-alta, conocedores de varios países y tantas otras lenguas, con una predilección especial hacia el alemán, lectores del mundo clásico, especialmente el griego, estudiosos del cine consagrado y premiado por los que consideran los grandes críticos, amantes de la filosofía e imitadores de todo aquello canonizado y legitimado. He aquí el retrato del intelectual, veáse sabiondo, veáse bicho raro, descendiente de otro/s sabiondos. El capital cultural es así de selectivo, qué le vamos a hacer.

domingo, 11 de noviembre de 2007

La crisis del teatro

La eterna crisis del teatro me produce risa, una risa histérica cuando me quedo sin entradas para muchas de las obras que desearía ver. Mea culpa por no reservar con antelación, por supuesto. Pero con tanta queja y entonación de pobre de mí, uno acaba por creerse que ocupar una butaca es un acto desinteresado, más propio de una ONG que de un teatrófilo, y que con ese humilde gesto, sobretodo gracias a iniciativas como Atrápalo o Taquillas último minuto, va a contribuir a levantar un arte legendario y poco valorado. ¡Oh, sorpresa! cuando otras personas han querido hacer uso de su caridad y han llenado el teatro, dejándote a tí y a tu solidaridad fuera. Entonces te preguntas qué ha pasado, qué has hecho tú, caritativo más o menos incondicional, para merecer tal desprecio. ¿Quizá la crisis del teatro no sea más que pose? Una estética basada en la queja, el lloro y el lamento que bien podría ganar Gran Hermano pero que aquí provoca, al menos a mí, la risa.

jueves, 8 de noviembre de 2007

El ratón japonizado

Sorprendente Murakami (no Haruki, cuya narrativa simbólica también merece mis loores), sino Takashi, que en su fascinante combinación de pop art y tradición japonesa ha logrado convertir el merchandising en arte (¿o es al revés?). Visita obligada a la Casa Asia que con no más de una docena de sus obras hace del recorrido un verdadero placer para la experiencia estética (siempre he odiado las exposiciones multitudinarias que funcionan por acumulación).


lunes, 5 de noviembre de 2007

fedra

Aunque hace más de una semana que ví la obra dirigida por José Carlos Plaza, aún no consigo comprender qué motivos tenía Juan Mayorga para destrozar este gran clásico. Incomprensiblemente Fedra (veáse Ana Belén) parece una loca deseosa de llevarse a Hipólito a la cama, mientras que éste camina curvado durante las dos largas horas (el concepto de tiempo es muy relativo y aquí se hacen interminables) que dura la escenificación. No hay razón aparente, pues, para que Fran Perea se desplace cual luchador de capoira, pero tampoco la hay para que el hijo de la amazona pierda la virtud que le caracteriza para caer rendido al amor de su madrastra. No me sorprendió, claro está, que mucha gente optara por abandonar la sala en un teatro que, por otra parte, tampoco se inmuta ante ello, pues Calixto Bieito ya le acostumbró con su Plataforma. Tampoco que el comentario general de aquellos que lograron resistir pusiera en entredicho las intenciones y la moral de Fedra, culpable antaño únicamente de enamorarse y convertida ahora en, por qué no decirlo, una buscona.